Cómo nació El Trueno en el Cielo
Hace más de tres año, no puedo precisar exactamente cuántos, comencé a tener imágenes de un joven en un clan de luchadores, visitando junto a su maestro puestos de lucha de los mejores guerreros de su aldea.
El muchacho, talentoso, pero quizás demasiado confiado para su propio bien, soñana con participar en los torneos donde los pequeños asentamientos conseguían abrigo y alimento en una competencia por equipos. Era una forma de mantener el orden social, reemplazando las guerras que ocasionaban exterminio por una solución menos dolorosa; en un mundo hostil donde los recursos eran escasos.
Esa era la visión que tenía. Una historia simple. Un rostro joven de ojos penetrantes, y un anciano cojo con sabiduría que daba con cierta brusquedad.
Con el tiempo, el pequeño torneo se convirtió en una gran competencia, centro de un conjunto de normas establecida por una figura considerada divina.
El conflicto social creció con la figura de las layqa, mujeres perseguidas y reprimidas por milenios.
¿Y qué podría suceder para sacudir el status quo? La amenaza llegaba del cielo, pero en realidad, servía para exponer las fracturas del mundo esperando emerger.
El Trueno en el Cielo es un trabajo de años. El hecho de que alguien lo haya leído, es para mi fuente de gozo. Significa que las voces de Sayani, Killary, Samin y Hakan serán escuchadas, y que sus vidas formarán parte de memorias más allá de la mía.